Pizca de realidad.

Entre lagrimas y sollozos, grito al cielo para que me oiga y responda a mis suplicas, 'por favor que esta pesadilla acabe'. 

Me acurruco como un bebé en el vientre de su madre y ruego porque retroceda el tiempo, en específico a aquellos donde las risas eran canciones para el alma. ¿Es esto el karma?¿ Es mi castigo?  o ¿simplemente la causa-efecto de mis decisiones? La verdad es que, seguro que son todas. Mi alma desgarrada sosteniéndose por sus últimos hilos a punto de dejar su existencia en el pasado que ahora es presente.  Mi cuerpo todavía acurrucado en la misma posición esperando el calor de aquel vientre a miles de millas. 

¿Dónde esta la persona resiliente que sirve de pilar para los demás? Realmente mi ilusión me llevo a creer que la estúpida fachada de niña fuerte, independiente y ruda era inquebrantable; y es en este preciso momento que, mis pies pisan la tierra y comprendo que no soy ningún pilar, sin gravedad volé tan alto que ahora que la magia se acabo la caída libre duele más. Sin embargo ya es demasiado tarde.  Pisar fondo y volver a levantarme. ¿Existe otra opción? Los humanos somos seres tan frágiles que mientras nuestros cuerpos dejan de ser cartílago para endurecerse más frágiles nos convertimos. Esa fragilidad limita las opciones.

Aprendí a ayudar a otros con la frase 'después de la tormenta viene la calma y con la calma un hermoso arcoíris' pero nunca pude especificar cuanto durará la tormenta o al menos si seremos lo suficientemente fuertes para resistir la tormenta y ver la calma. Todavía existirá un árbol bastante fuerte como para ofrecer refugio y evitar ser arrastrada por la corriente, ¿no? 

Mientras los flashbacks tratan de salvar mi mente, esa que esta al borde de su propia destrucción, una sonrisa entre las lagrimas escapa. Un último suspiro y decido rendirme ante aquello que siento que es aun más poderoso que la gravedad. Mi cuerpo deja de ser mío para ahora formar parte de la cama sin vida de donde yacía y finalmente sucumbir al sueño que tocaba las puertas de mi habitación desesperado por poder callar mis pensamientos, obstruir la fuente de destrucción y por unas horas de gracia darme paz. 

Antes de ceder a aquella fuerza sobrenatural solo doy gracias y digo adiós.

Sam.

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